Finalizó con éxito el octavo ciclo de música sacra
en la iglesia San Juan Bosco
El ciclo 2003 de Conciertos Don Bosco concluyó el domingo 30 de noviembre con un concierto en su sede habitual, la iglesia de la parroquia San Juan Bosco, Avenida Márquez 3031, San Isidro, con la presentación del octeto del Coro de Cámara Bella Vista dirigido por Rodolfo Diorio.
Luego de las palabras de bienvenida del párroco, Padre Luis Gryszko, quien se refirió a la música como alabanza a Dios y agradeció a la audiencia su presencia, la directora artística de la Sociedad de Conciertos Don Bosco, la organista Martha Gerber, informó al público que este era el último concierto de este año y que el próximo ciclo, el noveno consecutivo, comenzará en abril o mayo de 2004.
Rodolfo Diorio manifestó que consideraba un honor presentarse una vez más en la iglesia San Juan Bosco y aclaró que la primera parte del programa estaba constituida por obras de compositores contemporáneos, algunos de ellos, como Alberto Grau y Alberto Balzanelli, colegas suyos.
Se escuchó en primer lugar el Gloria de Athos Palma (1891-1951), una obra de carácter romántico que puso en evidencia la alta calidad de las voces del octeto y la intensidad de la preparación de las obras con sus resultados tan bien logrados, como el buen fraseo y la calidad de los matices. Estas virtudes posibilitaron una interpretación de la obra que transmitió una paz y una serenidad celestial que conmovió los corazones de la audiencia.
Siguieron el Pater Noster de Alberto Grau (1976), obra expresada en un idioma contemporáneo con difíciles disonancias, muy bien resueltas por el octeto, mostrando su gran musicalidad. La obra de Alberto Balzanelli, Crux Fidelis, compuesta en 1988, fue cantada por las voces femeninas y sin dirección, incluyendo parlatos, además de muchas otras dificultades, y fue un momento de gran belleza y de notable lucimiento para las cuatro voces solistas.
La obra de Hugo Wolf (1860-1903), Resignación, significó un cambio de clima, pasando de la serenidad de las obras sacras al desasosiego del alma solitaria que anhela la paz y el consuelo. Las tambaleantes tonalidades por las que atraviesa la obra parecen mostrar los pasos del alma que busca sosiego en lo alto.
La primera parte del concierto, que fue escuchado con gran interés y apreciación por la entusiasta concurrencia entre la que se encontraban no pocos niños, concluyó con Tu es Petrus de Maurice Duruflé (1902-1986), con la cual se volvió a la atmósfera de paz y vitalidad de las obras anteriores.
La presentación de la Misa Brevis de Giovanni Pierluigi da Palestrina (c.1525-1594) mereció unas palabras de explicación de Rodolfo Diorio. Nos contó que el arte de Palestrina representa la cumbre de la perfección de la música del Renacimiento, entre cuyos contemporáneos se encuentran Tomás Luis de Victoria y Jacob Arcadelt.
La Misa Brevis, a pesar de su nombre, es una misa completa, en la que cada parte comienza con una célula temática y está escrita en el modo IV gregoriano, una de las escalas antiguas que servían de base para la composición musical.
El octeto demostró que es una agrupación ideal para la interpretación de una obra que posee una rica polifonía y una vitalidad que hace que esta música mantenga su vigencia a pesar de los más de cuatro siglos desde su composición. El grupo de cantantes exhibió todas las condiciones necesarias para una óptima traducción de la Misa: diafanidad y transparencia, una afinación y una amalgama admirables y una expresividad especial para los distintos momentos de la obra, como lo fueron el patetismo de "et incarnatus est", que reúne la ternura del nacimiento del niño Jesús y el dolor que sufriría como hombre, y la fluidez y la ductilidad de las líneas vocales del Sanctus, que brotan y se funden como agua de un manantial a la vez que las notas agudas sugieren rayos de luz que emanan de la gloria de Dios, preanunciando el Gloria del Magnificat de Johann Sebastian Bach.
Ante el cálido aplauso de la agradecida concurrencia, se agregó fuera de programa un motete de Duruflé, Notre Père. Esta obra dejó un mensaje de paz y confianza en Dios para los corazones de los oyentes, cumpliendo así el objetivo de los conciertos de música sacra Don Bosco de difundir la fe en Dios a través de la música.